No todos los fotógrafos son para todo el mundo (y está bien)
Hay una frase que repito bastante —a veces en voz alta, a veces solo para mí— y que hoy quiero dejar por escrito:
No todos los fotógrafos son para todo el mundo.
Y está bien.
No es una excusa.
No es falsa modestia.
Es una realidad bastante liberadora.
Durante mucho tiempo parece que, si te dedicas a algo creativo, tienes que gustarle a todo el mundo. Que tu trabajo tiene que encajar con cualquiera. Que cuantos más likes, más razón tienes. Y no. Al menos, no en la fotografía que yo entiendo.
Elegir fotógrafo no va solo de fotos
Cuando alguien busca fotógrafo —para una boda, para una sesión en estudio, para un retrato— casi siempre empieza igual: imágenes bonitas, estilos, colores, encuadres. Y es normal. La foto entra por los ojos.
Pero lo que no siempre se dice es que no solo eliges fotos.
Eliges una forma de trabajar.
Una manera de estar.
Una persona que va a acompañarte en un momento importante.
Y ahí es donde no todo el mundo encaja con todo el mundo.
Hay fotógrafos increíbles que no soy yo
Y esto es importante decirlo así, tal cual.
Hay fotógrafos espectaculares cuyo trabajo admiro profundamente… pero que no serían mi elección si yo estuviera al otro lado. No porque sean malos, sino porque no conectan conmigo. Y lo mismo pasa al revés.
Mi forma de trabajar es tranquila. Observadora. Me gusta dejar espacio. No forzar. Acompañar más que dirigir. Eso hay personas a las que les encanta… y otras que prefieren algo mucho más marcado, más posado, más rápido.
Ninguna opción es mejor que la otra.
Solo son distintas.
Cuando hay conexión, todo fluye
Cuando una pareja o una persona conecta con mi manera de mirar, se nota enseguida. En cómo se relaja. En cómo se mueve. En cómo deja de pensar en la cámara.
Y ahí es donde pasan cosas bonitas.
No porque yo haga magia, sino porque hay confianza.
La confianza no se improvisa.
Se siente.
Decir “no” también es profesional
Con los años he aprendido que decir “no” —o aceptar que alguien te diga “no”— también forma parte del trabajo. Y está bien. No pasa nada. De verdad.
Prefiero mil veces que alguien elija a otro fotógrafo porque encaja mejor con lo que busca, a forzar algo que no va a ser natural. La fotografía, cuando se fuerza, se nota. Mucho.
Al final va de esto
De sentirte cómodo.
De sentirte tú.
De que quien esté detrás de la cámara te entienda, o al menos te escuche.
Así que si alguna vez dudas porque ves que un fotógrafo no es “para todo el mundo”, no lo veas como algo negativo. Probablemente sea justo lo contrario: ha encontrado su manera de hacer las cosas.
Yo tengo la mía.
Y si conecta contigo, genial.
Y si no, también está bien.
Porque no todos los fotógrafos son para todo el mundo.
Y, sinceramente, menos mal.